jueves

XXXV

Hay días que llega sonriendo a casa y yo no puedo más que anticipar problemas.

domingo

XXXIV

En la tarde oimos un ruido en el piso de abajo, como si algo hubiera caido al suelo. Adriana me buscó con la mirada, tratando de hallarme culpable. Como yo seguía dormido en el sillón no tuvo más remedio que bajar a averiguar qué había pasado. Al pie de la escalera estaba una pequeña máscara de madera que trajo a casa después de un viaje que hizo sola. Se quedó un rato mirando la pared, sin moverse. Yo preferí subir a dormir otra vez.

Creo que ella hubiera preferido que se cayera alguna de las máscaras que trajo después del último viaje que se supone hizo acompañada.

sábado

XXXIII

Adriana está cansada. Ya van varias noches que tiro los muñequitos de su ventana para ver si así se despierta y nada.

domingo

XXXII

Los muchachos allá afuera no se la están pasando nada bien con este frío. Pienso, desde la ventana, que yo bien hubiera podido estar como ellos, pasando frío y hambre. Pero no, estoy aquí con las cobijas y el bocado por la mañana. Adriana pudo haber encontrado a otro pero me halló a mí, o yo la encontré a ella. No lo sé.

Ahora nos tenemos mutuamente.

martes

XXXI

A mí nunca me ha calentado leche en el microondas.