martes

XIV

Adriana cree que los gatos estamos mitad aquí y mitad en el infierno. Mentira. Ninguno de nosotros puede entrar en la mente de nadie más.

XII

Cada día hay más plantas en esta casa. Adriana las trae, les consigue una maceta, les pone más tierra y les echa agua. Bien, a secas. Parece que se entretiene. El problema es que la única que se me antoja la puso fuera de mi alcance. Ya revisé las demás, pero no me llaman la atención. Es esa la que quiero y no encuentro manera de alcanzarla.

Acabo de darme cuenta que sueno como la gente cuando se refiere a sus relaciones personales. Al diablo esa planta.

XII

Últimamente Adriana deja la música puesta cuando sale de casa. Todavía no sé porqué.

XI

Adriana y yo no estamos de acuerdo en muchas cosas, pero a ambos nos gusta la lluvia. Ella puede pasar horas en la ventana viendo el agua caer. A mí me gusta cuando llega empapada, se quita la ropa, se da un baño caliente, se prepara un té y se mete a la cama conmigo.

lunes

X

Adriana lo extraña. No importa cuánto se esfuerce en creer lo contrario, en hacerse a la idea de que ya todo pasó. No importa qué tanto se repita que esa no era vida para ella, que no valía la pena porque no la quería, porque jugaba con ella. No importa que trate de vivir como si nada hubiera pasado, ocultándose de sí misma y de todos los demás.

Nada cambia. Lo extraña. Pero ella aún no entiende que ante eso no hay nada que hacer.

domingo

IX

Continúo con mi exposición. La vista es muy buena desde aquí si uno es capaz de obviar los cables, los tinacos, los tanques de gas, las antenas y todas esas cosas que la gente pone aquí arriba porque no quiere verlas (perros incluídos, caray). Empecemos desde el noreste y movámonos en sentido cotrario a las manecillas del reloj (al fin un uso para esos artefactos).

Esto es lo más cercano a casa: la glorieta de Cuitláhuac, el edificio Cuahutémoc y, en primer plano, los restos del Cine Chaplin.




Después encontramos el edificio Chihuahua, la iglesia del Señor Santiago, el Chamizal y la ahora desocupada Torre de Tlatelolco.




Bastante más alejada pero perfectamente visible, la Torre de Banobras.




Lo mismo ocurre con la Torre de Pemex.





Ahora pongan atención y confíen en mí: esta es la Torre Mayor.



Continuamos con la Torre del Caballito y el novísimo Hotel Sheraton.



Esta es mi preferida. Primero el nuevo edificio de Relaciones Exteriores, luego la Torre de Teléfonos que se encuentra cerca del Mercado de San Juan, seguida por la cúpula del Palacio de Bellas Artes, después ese edificio un tanto gótico ubicado sobre la Av. Juárez y, por supuesto, la Torre Latinoamericana.



Finalmente, apenas insinuadas, las cúpulas de la Catedral Metropolitana.


Que tengan buen día.

VIII

Me permito mostrarles un poco de los alrededores. Las azoteas no son sitios con los que la gente esté familiarizada.


Este es nuestro lugar de reunión habitual, visto desde una de las ventanas de Adriana. Ahí también, un camarada.


Al fondo, apartándose del mundo, una amiga.


Desde aquí se tiene una buena vista de la calle. Especialmente de algunos perros que ladran de desesperación al vernos.


En general el sitio es tranquilo y hay bastante espacio para todos. Creo que es de los mejores lugares en los que Adriana y yo hemos vivido. Incluso hay plantas que puedo morder sin que ella me diga nada.

miércoles

VII

Adriana pasó todo el día en la cama. Al parecer le duele algo. Dice que es físico, pero no estoy tan seguro. Es como si no quisiera estar aquí. No en la cama, conmigo, sino en este mundo. A veces siento que la pierdo, que está mucho más allá que su mirada. ¿A dónde querrá ir? Creo que el problema es que no lo sabe.

lunes

VI

Ahora estamos solos. La familia de Adriana se fue el domingo por la noche llevándose una cantidad impresionante de cosas. Sólo imaginen cuantas eran, si estuvieron toda una semana trayendolas a casa.

Yo no sé porqué la gente acumula objetos, corre de un lado a otro y se matan con mil compromisos. No descansan, no ríen, no juegan. ¿Qué hacen entonces? ¿Para qué tanto lío?

viernes

V

Seguimos exiliados en la sala y por lo que he escuchado esto va para largo. Anoche salí a estirar un poco las piernas pero no encontré a nadie en la azotea. No sé dónde se refugiaron de la lluvia esta vez. Hacía frío y Adriana me estaba llamando. Me hice del rogar y luego me acordé que me trajo un cable de espiral para mí solito, así que enté más o menos pronto.

Si hoy vuelven a usar la aspiradora voy a regar mi arena por todo el patio.

miércoles

IV

Adriana volvió a como era antes de irse. Está silenciosa, duerme inquieta, ya casi no canta. Si pudiera verla otra vez como a su regreso me quedaría solo otros dos meses.

III

¿Qué hacemos en la sala? Adriana a veces deja entrar demasiada gente a esta casa.

II

Adriana estuvo fuera varios días. No me gusta. No hay quien abra las ventanas, quien mueva mis croquetas, quien entibie la cama. No tengo a quién despertar en la madrugada, me quedo sin bocado. Tampoco es tan grave, pero no me gusta.

Ayer volvió muy temprano y nos dormimos juntos. No me gusta decirlo, pero la quiero.

martes

I

El teclado no es tan malo. Sube y baja ligeramente bajo mis patas, aunque prefiero la cama. No tendría a qué acercármele si no hiciera tanto frío y Adriana ya hubiera venido a dormir. Pero nada, hace un par de días que no se despega de la computadora. Así que le doy su oportunidad, a ella, a ambas. Además, no escribo tan mal.
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