viernes

XXI

Cuando Adriana está enojada es mejor hacerse a un lado y esperar. Cualquier otra cosa no haría mas que empeorar la situación. Hoy, por ejemplo, llegó hecha un torbellino. Subió y bajó por todo el departamento, en silencio y a gran velocidad, haciendo y deshaciendo aquí y allá. No es difícil notarle el enojo porque ella nunca lo oculta.

Al cabo de una hora empezó a calmarse. Sólo entonces le maullé para que saliera de su ensimismamiento y moviera mis croquetas.

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