martes

I

El teclado no es tan malo. Sube y baja ligeramente bajo mis patas, aunque prefiero la cama. No tendría a qué acercármele si no hiciera tanto frío y Adriana ya hubiera venido a dormir. Pero nada, hace un par de días que no se despega de la computadora. Así que le doy su oportunidad, a ella, a ambas. Además, no escribo tan mal.
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